HUMOR CIENTÍFICO

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martes, 22 de diciembre de 2015

A christmas carol

13 de diciembre, domingo, veo con mi familia “El grinch que robó la Navidad”. Hoy reparto notas en cuarto de ESO.
      Clara ve su nota y llora. ¿Cuánto tiempo hace que no veo llorar a un alumno?, me pregunto. Veo una oportunidad para acercarme al grupo y ganarme un poco mas su confianza ( y si puedo ayudar mejor, que tampoco soy de piedra pómez).
  • A ver, criatura. –le digo – ¿qué te pasa?.
  • Es que voy a suspender la asignatura porque no puedo venir a la recuperación.- me contesta entre pequeños silbidos- Tengo que ir al médico.
  • ¿Y no puedes cambiar la cita?.
  • No. ¡Imposible! - me contesta.
¿Cómo encontrar un argumento que me permita ayudarla sin ser injusto con los demás?.
  • ¿Y a qué hora dices que es la cita?- le pregunto.
  • A las once.
  • Perfecto.- digo- Haces el examen antes y después te vas. Pero no vayas a decirle a los demás las preguntas del examen antes de irte, eh!- le apunto con un dedo y cara seria.
Y allá que se va ella feliz a reunirse con sus amigas, que esperan para consolarla. Así que yo también salgo feliz de la clase. Y más todavía cuando sigo repartiendo notas en segundo de bachillerato. Voy por el pasillo con la sonrisa en los labios porque llevo una nota especial enterrada en el montón de exámenes de química.
Porque a veces ocurre que hay plantas que tardan en florecer. Sólo hay que esperarlas con paciencia, abonarlas con esmero casi sin que se den cuenta de que lo haces. Y trabajar, trabajar mucho: ponerles música si crees que eso les ayudara a crecer, hablarles y decirles muchas veces que pueden hacerlo, que pueden crecer. Y decirles siempre la verdad, bajito, pero siempre la verdad, tanto si te interesa hacerlo o a ella escucharla como si no.
Así que entrego el examen y busco de reojo la reacción. Reacción que supera mis expectativas: el alumno se emociona tanto que consigue que me emocione yo (aunque trato de no aparentarlo, no se si con éxito total o parcial).
Y como en la peli del Grinch, cuyo corazón creció tres tallas mas cuando comprendió lo que significa la navidad, así creció mi confianza en lo que hago y mi convicción en por qué lo hago. Porque el éxito del alumno y su crecimiento es tu éxito. Porque no va a haber otro reconocimiento a tu trabajo que no provenga de tus alumnos. Y mas si la flor tarda en aparecer.
Sin embargo en una torre de babel de palabras esotéricas y oscuras, los pedagogos de salón que no de aula, gritan contra nosotros a una sociedad que sólo desea escuchar palabras lisonjeras que carguen sus culpas en otros hombros.
Ellos y los políticos que escuchan sus cantos de sirena querrán cambiar sistemas educativos para que se parezcan a aquellos que tienen otras sociedades, dueñas del frio y la oscuridad, con esos superprofesores que aquí, al parecer, no existen. Escribirán libros blancos llenos de referencias bibliográficas en inglés, pero que terminan en obviedades vacías, huecas. Ideas nunca probadas en nuestras aulas, con sus demonios particulares, a los que ellos nunca se han enfrentado y nunca lo harán: a fin de cuenta los dioses sólo observan desde sus Olimpos particulares, castigando a los prometeos que roban el fuego que calienta el frío de la educación real.
Y mientras tanto los profesores reales que trabajan en las aulas reales seguirán trabajando calladamente por sus alumnos. Haciendo cosas como formar un coro con ellos. Ensayando juntos en los recreos, empleando su tiempo libre en cantar a las 10 de la noche en un concierto de Navidad. Un concierto precioso con canciones preciosas, siempre preludio de la Navidad en el Llanes.