HUMOR CIENTÍFICO

HUMOR CIENTÍFICO
¿Con qué se cura la anemia? Con Fe

miércoles, 18 de noviembre de 2015

FABRICANDO AGUA



   Voy a la farmacia a hacerme un análisis de rutina para controlar mi colesterol. Miro con aprensión la maldita máquina que determinará si puedo seguir con mi alegre consumo de alimentos ricos, ricos o debo apretarme el dogal de la dieta (cosa que me horroriza desde que descubrí  la tostada de queso philadelphia light con mermelada de arándanos).
   El veredicto es bueno: 206. Es mas de lo que pide mi médico (menos de 200) pero tampoco me preocupa, porque no tengo otros factores de riesgo cardiovascular (no fumo,  no estoy obeso, no soy hipertenso  y hago ejercicio). Me voy tranquilo porque sólo necesito ajustar un poco la dieta… y no olvidarme de esa pastilla de hierbas que me va genial. Fitoterapia que llaman a esto y que me evita tomar la típica simbastatina con esos posibles efectos secundarios tan horribles (mejor ni mirar el prospecto de ese medicamento pues da un “yuyu” que te mueres).
   Pero el hecho de que una pastilla de hierbas funcione no significa que todo remedio natural funcione, ni que la pastilla contenga compuestos químicos (principios activos se llaman) idénticos a los que se puedan fabricar en un laboratorio (en mi caso licopenos). Cosa que ya sabemos desde los tiempos en los que Wholer sintetizó urea en el laboratorio y demostró que era absolutamente indistinguible de la urea obtenida a partir de orina de cualquier animal.
   Por eso me quedé de piedra al ojear en la farmacia una revista de una empresa dedicada a vender productos homeopáticos, de fitoterapia y otras pastillas de “medicina natural”. 
   Se podía leer frases como “la homeopatía es cada vez mas una referencia mundial que se va imponiendo a la medicina alopática( la de medicamentos) por su falta de efectos secundarios”., “ la homeopatía se basa en diluir varias veces las “cepas homeopáticas”, dando movimientos verticales y vibraciones para homogeneizar las propiedades de la cepa en el diluyente” o “el cuidado primoroso de las cepas y condiciones de fabricación y la esterilidad del proceso garantiza la calidad del producto”.
   Hombre, vamos a ver. Eso de que la homeopatía no tiene efectos secundarios es algo completamente cierto….  por que los productos homeopáticos no tienen ningún efecto, mas allá del efecto placebo;  ese que te hace sentir bien y te ayuda en la curación por el mero hecho de creer que algo te va a curar, aunque te estén engañando y te tomes una pastilla que no contenga ningún medicamento.
   Lo de la cepa homeopática es una  manera oscura y chula de evitar decir “producto químico del  laboratorio”. Igual e indistinguible de cualquier otro producto que encuentras en cualquier laboratorio de cualquier industria, empresa, facultad , etc.  Y podrían decir “sacudir” en vez de movimientos verticales de vibración.  Claro que si lees “sacudir la muestra” t e puedes  mosquear un poco y esto no conviene.  Y por homogeneizar las propiedades en el diluyente quieren decir que las propiedades del compuesto químico “se pasan” al diluyente de forma mágica (la memoria del agua, le llaman los homeópatas).
   Lo del cuidado primoroso de las cepas el algo ridículo, y mas cuando pones una foto de un laboratorio inmaculadamente  limpio con un operario con bata impoluta, guantes de látex y gorrito para el pelo, que vigila con amor unos monos botecitos azules…. que contienen agua destilada (o del grifo, vaya usted a saber) sacudida muchas veces y estéril, eso si.
   Porque si diluimos 25 veces un producto en agua (a veces mucho mas) tendríamos que juntar unas 100 botellas homeopáticas para obtener una sola molécula del producto químico (perdón, cepa homeopática). Y a esas cantidades ni efectos secundarios ni primarios ni de ningún tipo, a menos que cuele la fantástica historia de la memoria del agua.
   Por eso el producto va acompañado de unos sanos consejos para mejorar el efecto de l pastilla. Un ejemplo: para el dolor de garganta recomiendan un producto y tomar mucha fruta (fuente de vitaminas para las mucosas de la garganta), evitar ambientes contaminados y con humos, no fumar, no hablar en exceso ni gritar  y evitar coger frio, abrigando bien la zona. La panacea, oiga.
   Con lo que si sigues los consejos  te curas en tres días el dolor de garganta, con pastillas homeopáticas y sin ellas también.   
   Y si alguien no  me cree no importa que siga con su fe ciega en la homeopatía, ya que daño, lo que se dice daño, la homeopatía no lo hace. El único daño posible es el que se deriva de no acudir al médico en su momento, lo que se puede traducir en una mayor dificultad en la curación cuando la cosa se pone fea (que es cuando los amantes de la homeopatía se acongojan y terminan en los hospitales).

   Y mientras tanto todos nos podemos echar unas risas con el vídeo del enlace. Ugencias Homeopáticas: una divertida parodia

martes, 3 de noviembre de 2015

LA CIENCIA EMPIRICA

       Domingo 1 de noviembre. Llueve en Sevilla. Llueve mucho (estamos en alerta naranja), así que, como no puedo salir, decido hacer algo de ejercicio en mi bicicleta estática. Para no aburrirme me llevo mi libro de Juan Eslava Galán: Historia de la segunda guerra mundial contada para escépticos.
17:45 horas, veinte minutos después, estoy ya a ritmo: tensión 9, 40 km/h. Sudo como un cerdo y leo. Como lo primero no me incomoda y lo segundo me encanta, me siento bien. Cansado, pero contento (buen trabajo el de esas endorfinas). De repente leo una de las historias que cuenta el libro y se me enciende una bombillita: esto es justamente un ejemplo perfecto de lo que quería explicar el otro día en clase de química. Muy interesante (espero) para mi blog.
      Intentaba ese día explicar que la ciencia no solamente avanza a grandes zancadas, con ideas brillantes como las de los grandes genios (Einstein, Newton, esa gente) sino también de forma laboriosa, ajustando cosas aunque no sepamos realmente qué estamos haciendo. El tema viene al hablar de Planck y su hipótesis.
En un post anterior (Génesis) decía que los cuerpos emiten luz por el hecho de tener temperatura. El tipo de luz emitida depende de la temperatura, de manera que cuanto mayor es la temperatura menor es la longitud de onda del tipo de luz en la que se emite la mayor parte de la energía: es lo que se llama la ley de Wien. Los científicos intentaban explicar la gráfica energía-longitud de onda obtenida experimentalmente al estudiar el fenómeno, pero la teoría solo atinaba con la parte de la derecha de la curva.
Para que la curva “cuadrara” bien, Planck emite una hipótesis atrevida y totalmente contraria a lo que se creía en esa época: los átomos no podían emitir o absorber cualquier valor de energía, solo lo hacían por paquetes de energía (un paquete, dos, tres…), siendo el valor de cada paquete E = hυ , donde υ es al frecuencia y h un número.

¿Qué era h?. Planck no tenia ni idea (aunque le dió nombre: constante de planck), solo que al utilizarlo la curva teórica se ajustaba bien ahora a la experimental (ver imagen).




Esto es lo que se llama ciencia empírica. Resolvemos un problema probando hasta ajustar la teoría a la realidad, aunque no sepamos qué demonios significa esto.
Algo parecido le pasaba al modelo de Böhr del átomo. El modelo explicaba bien el espectro del hidrógeno, es decir, los tipos de luz que un átomo de hidrógeno podía emitir al calentarse. Pero los avances tecnológicos mejoraron los espectroscopios (los aparatos que hacen el espectro) y entonces los espectros cambiaron (se veían mejor) y ya el modelo no se ajustaba bien.
¿Cómo arreglarlo?. Fácil, hacemos algo parecido a lo que hizo PlancK: introducimos números que arreglan el problema. ¿Qué mejoran los espectroscopios otra vez?, No hay problema: metemos mas números y a correr. Le damos un nombre bonito (correcciones cuánticas) y listos.
Contado así esto no parece serio. Pero lo es. Hemos conseguido ajustar la teoría a la realidad. Hemos conseguido una ecuación que funciona, que explica la realidad, aunque no sepamos muy bien qué son esos números. Y eso nos lleva a conseguir cosas que mejoran nuestra vida, a conseguir objetivos en la realidad: fabricar aparatos nuevo, por ejemplo, que nos den una cierta utilidad.
Veamos un ejemplo real que explica lo que quiero decir. Primavera de 1943. Los aliados quieren destruir unos embalses en la cuenca del Rühr, una importante zona industrial de la Alemania nazi, durante la segunda guerra mundial. Los aviones dispararán torpedos, que se mueven unos cientos de metros en el agua antes de chocar con la presa y explotar. Pero hay una dificultad: los alemanes han extendido en el agua unas redes que atrapan los torpedos antes de chocar y evitan la destrucción de la presa.
¿Cómo evitar las redes?. A un ingeniero se le ocurre una idea, entre excéntrica y curiosa: disparemos bombas que reboten en el agua como las piedras planas que lanzamos a un lago. Las bombas recorrerán la distancia hasta la presa, “saltando” las redes. Después de mucho pensar como acabar con las presas, se decide que esa idea es la mas factible.
Manos a la obra. A partir de los conceptos físicos implicados se diseñan bombas que reboten y aviones modificados para que las suelten en el agua como nosotros hacemos con las piedras planas. ¿Funcionarán?. Probemos antes de arriesgar los aviones. Las pruebas no son satisfactorias. Así que los aliados recurren a la ciencia empírica: se van a un lago y prueban a lanzar las bombas desde diferentes alturas, con diferente velocidad del avión, distintos pesos de bombas y diversos ángulos de inclinación de entrada en el agua. Miden distancias recorridas, numero de rebotes y altura de los diversos rebotes.
Así logran ajustar los parámetros para conseguir el fin deseado: la destrucción de las presas. El resultado real: dos presas dañadas, dos presas destruidas y una totalmente inutilizada. No está nada mal.
Y esto es ciencia ( y tecnología) empírica. Funciona. Igual que la “h” de Planck, que hoy es una de las pocas constantes fundamentales de la ciencia y la naturaleza.